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Opinión

  Objetividad: ¿posible o imposible?
 
Maria Gabriela Lozano revolucionaria091067@hotmail.com
 
Antes de ahondar en el discernimiento planteado, si es posible o no la
objetividad, es preciso que especifiquemos ciertos puntos; empezando,
lógicamente, a visualizar al profesional de la información como un ser
humano y no como una herramienta mecanizada y dirigida por el sistema social
establecido en favor del estatus quo de las clases política y económicamente
dominantes.
 
El periodista, en su condición de ser humano, esta sujeto a un contexto
social que envuelve un conjunto de condiciones materiales (prejuicios,
costumbres, hábitos,  circunstancias políticas y económicas) que han
definido su personalidad y su juicio de valores ante hechos, sucesos o
acontecimientos que son pertinentes a su entorno.
 
Partiendo de la idea popular de que “cada cabeza es un mundo”, afirmamos
que el periodista, al igual que el ingeniero, el médico o la ama de casa, es
un agente inmerso en la vida social, con una subjetividad precisada a
raíz de experiencias pasadas e ideas previas almacenadas en la memoria, que
especifican lo que es o no es correcto o propicio socialmente.
 
Lo que, indiscutiblemente, impugna la concepción de objetividad desde el
punto de vista doctrinal y su aplicación en el trabajo periodístico; pero si
a este argumento demostrativo de la falsedad de la objetividad quisiéramos
darle carácter científico, una buena opción a consultar seria la teoría de
la relatividad de Albert Einstein, científico reconocido y responsable de la
transformación no solo en el campo de las ciencias fácticas, sino también en
la filosofía, la psicología, el arte y la manera de visualizar al mundo en
general.
 
Podríamos resumir, a modo de análisis, que, según los postulados sobre la
relatividad de Albert Einstein, todos los puntos de vista son validos; esto
es debido a que los diferentes enfoques de un hecho estarán determinados por
el marco referencial o informaciones previas que posean los observadores, en
este caso periodistas, de un mismo hecho.
Pero entonces, después de entender que el concepto puro de objetividad no es
aplicable a la vida cotidiana ni en el trabajo periodístico, surge una nueva
pregunta: ¿Por qué hablar de objetividad en el periodismo, si es
impracticable?
 
Como decíamos al principio de nuestro análisis, el sistema social y la
preponderancia de las clases dominantes por mantener su estatus quo es
determinante en éste juego de la “objetividad periodística”.
 
No es un secreto para nadie que los medios de comunicación han estado
permanentemente en las manos de los principales actores del poderío
económico y político mundial; y que estos, en favor de sus intereses, han
manejado la labor periodística a su antojo, estableciendo cercos y
parámetros a la hora de informar o desinformar a la sociedad sobre lo que ocurre a su
alrededor.
 
Es así como se introdujo en la sociedad norteamericana el concepto de
objetividad, legado a los demás pueblos del mundo; persiguiendo como fin
estratégico el informar a la ciudadanía únicamente lo que conviene a esos
centros de poder, y si algo se cuela, sancionarlo inmediatamente ante la
opinión publica amparándose en las leyes y códigos de ética.
 
Sabiendo todo esto, sin temor a errores, es posible justificar y decir de
viva voz que el “periodismo objetivo” no existe; todo periodista que escriba
o reseñe cualquier hecho noticioso estará imprimiéndole su visión particular
del mundo, profundizando implícita y explícitamente en sus analogías y
rechazos y las propias del medio al que pertenezca.
 
El cuento de la “objetividad”, como todo, sigue girando en torno a las
contradicciones de clases sociales del sistema domínate; es otro eslabón mas
en la lucha por la supremacía y hegemonía clasista
.